Entre los siglos XVII y XVIII surge gradualmente la industria de la pintura y del dorado de objetos tallados. En aquel entonces muchas figuras eran pintadas por los propios talladores, pero las figuras de grandes dimensiones y los altares se pintaban y terminaban en Castelrotto, Funes, Bolzano o Bressanone. Los juguetes de fabricación más delicada se enviaban incluso a Baviera. Recién a fines del siglo XVIII algunas familias gardenianas decidieron dedicarse enteramente a la pintura y el dorado de estatuas. Desde entonces la industria gardeniana ha alcanzado un alto grado de perfeccionamiento y originalidad que hasta el día de hoy la caracteriza.
Con el fin de acelerar la producción al máximo y aumentar las ganancias, se dividió el trabajo de pintura en diferentes fases: primero se pintaban las grandes superficies y luego se pintaban uno tras otro todos los detalles – ojos, cabellos, labios, botones, zapatos, etc. Las tareas más fáciles se les confiaban a los niños. Entre una y otra fase las tallas de madera se ponían a secar sobre el banco de la estufa, y al final, para evitar que las tallas se decoloraran, se les aplicaba un tipo de barniz que se obtenía mezclando alcohol puro con resina de abeto y de alerce. Dicho procedimiento era bastante peligroso puesto que para hacer el barniz era necesario calentar el alcohol, y el riesgo de que se prendiera fuego toda la casa era considerable.
Los primeros doradores de Ortisei fueron Joachim Unterplatzer, Thaddeo Oberbacher y Josef Großrubatscher.
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