La industria de transformación de la madera del Valle de Gardena tardó mucho en recuperarse de las consecuencias devastadoras de la Primera Guerra Mundial. Había perdido muchos de sus mercados de exportación, y la demanda de productos artesanales de madera se redujo a un mínimo histórico durante muchos años. Además de las dificultades económicas generales por las que atravesaba la población, la pérdida de muchos hombres que habían caído en combate fue un golpe muy duro para las comunidades gardenianas, ya que muchos de los caídos eran escultores calificados o excelentes talladores, y su falta se sintió fuertemente durante la fase de reconstrucción económica.
La incertidumbre y la falta de perspectivas de futuro llevó a muchos artesanos a buscar trabajo en los valles vecinos o incluso en otros países, como p. ej. en Argentina. Además, a raíz de la anexión del Alto Adigio (Tirol del Sur) a Italia la madera perdió muchísimo valor. En los primeros años de posguerra algunos distribuidores retenían la madera para venderla como leña, ya que sacaban más provecho que si la utilizaban en la fabricación de productos artesanales. La única consecuencia positiva de la guerra fue que se comenzó a dar mucha más importancia a la calidad de los productos acabados. A partir de 1926 las exportaciones del Valle comenzaron a aumentar de nuevo y su consolidación económica continuó hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial.
El sector de los pequeños objetos artesanales también se recuperó gracias a que se vendían bien los artículos de uso corriente y los de decoración, como p. ej. sacacorchos, portaplumas, ceniceros, piezas de ajedrez, virgencitas, crucifijos estilizados y otros artículos de recuerdo. Antes de la Primera Guerra Mundial la mitad de las artesanías en madera que se fabricaban en el Valle eran altares y estatuas. Estas últimas continuaron fabricándose y vendiéndose, pero los altares dejaron de construirse casi por completo. A eso contribuyó la caída del Imperio Austrohúngaro y la consiguiente pérdida de importantes mercados de exportación dentro de la Federación, y también el hecho de que el mercado italiano era mucho más competitivo debido a la gran importancia que allí tenía el mármol como materia prima sustitutiva de la madera en la construcción de altares y esculturas religiosas para las iglesias.
Otro sector productivo que perdió importancia en este período fue el de los juguetes. Por un lado, los distribuidores no lograron interpretar bien y satisfacer las nuevas necesidades de la clientela; y por otro las empresas gardenianas se vieron enfrentadas a la fuerte competencia de las empresas que producían juguetes con otros materiales.
Sin embargo, gracias a las dos escuelas profesionales de Ortisei y de Selva Gardena, la escultura gardeniana mejoró notablemente en base a soluciones creativas originales y a un mayor perfeccionamiento técnico. De esta manera, se vieron recompensados los esfuerzos que ambos municipios habían hecho para erigir las dos escuelas. Desafortunadamente la alta calidad de las artesanías no alcanzó para afrontar sin problemas la crisis mundial que se desató en los años 1930, y el Valle de Gardena pasó de nuevo por un período de enormes dificultades económicas.
Poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial la mitad de la producción total del Valle se exportaba a los Estados Unidos, seguidos de Alemania e Inglaterra, mientras que sólo un 5 % de los productos se vendían dentro del territorio nacional.
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